martes, 6 de agosto de 2013

RETAZOS Y PINCELADAS

 
Hace mucho que suelo pensar que estamos hechos de retazos. Aparte de los ya consabidos genes que, caprichosamente, te dan el color de los ojos de un abuelo, las cejas de tu padre, la sonrisa de tu madre y hasta las verrugas de esa tía abuela con las que tanto reíste haciéndola rabiar, están esos otros que vamos cosiendo a nuestras vidas con el largo hilo de los años y las vivencias.
 
La gente pasa por nuestro lado y se queda o se va, pero en cualquier caso lo hace dejándonos huella en forma de pasiones, manías, frases sentenciosas que afloran a nuestros labios por un tiempo o por el resto de nuestra existencia, dibujando en la mente otros labios que ya las pronunciaron en universos pasados pero presentes en la memoria.
 
A menudo olvidamos el porqué de muchas cosas. ¿Por qué escribo la T de este modo? Se me pegó de un profesor de la facultad al que admiraba. ¿De dónde viene mi amor por lo medieval? Seguramente aunque no en su totalidad, tuvo mucho que ver aquella  amiga que amenizaba mañanas y tardes de calor sofocante inventando largas jornadas de rol.
 
Coletillas, la manera de sentarnos, rituales extraños que a fuerza de repetición constante pasan desapercibidos al instaurarse en nuestros días como verdaderas funciones vitales y que en verdad proceden de naturalezas tan diversas...

Eso somos. Un cúmulo de casualidades, de causalidades, de "copiaypegas"... Eslabones invisibles tejen una red que nos vincula a gente que ya no está; A muchos otros que están lejos; Y, por supuesto, a aquellos que viven a nuestro lado.
 
Aún así, a pesar de la aparente falta de originalidad de cada uno de nosotros, conseguimos en mayor o menor medida convertirnos en seres únicos mezclando todos esos retazos de otros en una gran paleta de infinitos colores y matices.
 
Últimamente pienso mucho en el porqué de mis manías, en la procedencia de mis particularidades no particulares. Y me pregunto qué habré dejado de mí en otros, contribuyendo a formar ese gran collage, ese puzle, ese cuadro puntillista o película de fotogramas dispares que en definitiva es el ser humano en su naturaleza.
 
Y una de las conclusiones que saco de todo esto es lo que desde hace mucho me viene rondando el pensamiento: que todos, a pesar de lo diferentes que podamos parecer, siempre tenemos algo en común. Y que, en cierto modo, como soñaba Lennon, compartimos el mundo, a fuerza de pinceladas más o menos originales, en una gran acuarela universal...
 
 
 
autoretrato fotográfico acuarelado.

viernes, 8 de marzo de 2013

ALERGIAS

Tengo alergia a las despedidas.
Al olor de la hipocresía, las faltas de ortografía, la gente que va por encima sin sumergirse en sus dudas, sin mareas, sin estaciones...
El viento fuerte que aturde y traspasa.
Los días cabizbajos, semiasotanados, sin luz ni serotonina.
La demagogia, los parlanchines sin sustancia, las escaleras resbaladizas que llevan a ninguna parte.
El quejido prolongado por lo que sea, las críticas sin remite, la herrumbre de la idea fija, sorda, sin ventilar.
La risa del irrespetuoso, con su nuez vacía y podrida, y los ojos carentes de años.
El que adora lo que otros odian aunque cada día se vaya a dormir con arcadas.
Los discos rallados en planes imposibles, la muda imposibilidad de algunos planes...
La ceniza sin ave fénix. La nada. El vacío. La muerte.
La presunción de inocencia con manos manchadas de sangre, la exaltación del déspota, el orgullo de madre de un desgraciado.
La vida en cinemascope. El radioadicto sin dial. Las adicciones en general, desdicha del personal, en general adictivo...
La ausencia de palabras.
Las casas sin libros, los libros sin casa, la gente sin casa ni libros...
Los pioneros de la mentira. Los mentirosos que se creen pioneros.
El odio abundante y contagioso. Odiar por odiar, sin parar.
Las obras sin arte. La cara dura de algunos artistas de la dura cara.
Los sentimientos quebradizos, el olvido de los fuertes lazos, la pérdida de rumbo.
Los gusanos de alguna manzana. Y alguna manzana sin gusanos, aunque envenenada hasta la semilla.
Y así podría seguir hasta que me salgan callos en los dedos.
...
Por suerte, tengo en el alma un almacén lleno de antihistamínicos...




Un diente de león, o "dandelion" en La Zenia, ambos dos, antihistamínicos de lo más efectivo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

SOBRE OPERACIONES MATEMÁTICAS

Hablando en términos matemáticos, si es que la matemática puede aplicarse a estos temas, creo firmemente en el amor como algo que no hace sino multiplicar y que bajo ningún concepto debería empujarte a la división. Y vean que digo "multiplicar" y no "multiplicarse", lo cual es obvio, porque si el amor es puro, verdadero y se cuida con mimo, ni las tormentas que con el paso de los años puedan surgir y de seguro lo harán, ni la rutina del día a día, ni cualquier otro contratiempo, pueden acabar con un sentimiento que se extiende y se transforma, pero nunca deja de crecer hasta abarcar todo tu ser; y que aunque, llegado el momento, puede hacer que te sientas totalmente pleno, todavía tiene la capacidad de seguir aumentando sin desbordarte, sin provocarte hastío o  cansancio.

El amor cree, espera y aguanta... sin límites. Infinito. Y de manera infinita se da, o se debe dar. Sin pensar en que estás restando amor. Nunca se resta amor. Siempre se suma cuando se ama. No se nace con una cantidad limitada de amor a repartir porque el amor no es algo que se pueda repartir. El amor, el cariño, la ternura, el agradecimiento, todos los buenos sentimientos que nacen del amor no se reparten. Se ama y punto. Se muestra el cariño, cada uno a su manera, sin más. Se siente ternura hacia un ser querido sin pensar en que no te va a quedar suficiente para otro día o para otro ser querido. Sin fecha de caducidad. Que no confundamos la ternura con la ternera.

No soy madre. Algún día espero serlo pero de momento soy esposa. Aunque no soy sólo eso. Y espero que comprendáis ahora el por qué de mis palabras, ya que éstas sí son limitadas y no quiero extenderme hasta el infinito e intento condensar en un limitado espacio algo que siento tan ilimitadamente. Soy esposa, sí. Pero no por eso he dejado de ser hija, hermana, tía, sobrina, prima, amiga, vecina... Hay tantas personas a las que amo... Y no siento mi amor repartido; lo siento como un todo, un todo armónico y a la vez desordenado.

Hace unos minutos dormía. Independientemente de la hora a la que lean estas palabras, para mí en el momento de escribirlas son las 4:32 de la madrugada, de una madrugada de febrero canario. Y me desperté inquieta, porque llevo unos días inquieta pensando en el amor. No en el mío, sino en el de otra persona a la que quiero mucho y que piensa que no soy nadie para darle consejos. A mi lado dormía el amor, el amor más grande que nunca he sentido. Y pensé que, desde que él está en mi vida, mi amor no ha hecho sino crecer. Ahora quiero más y a más personas. Él ha enriquecido mis días no sólo con su amor, sino regalándome otra serie de cariños que no sustituyen en absoluto el cariño por los que siempre han formado parte de mi vida. Se suman a ellos. Y me entristece pensar que hay quien prefiere atesorar su cariño por miedo a malgastarlo, por miedo a que un día se acabe. Y me entristece quererle tanto sin que lo sepa, o sin que lo crea. Y me entristece que aparque u olvide o malinterprete esos amores a los que amó y que tanto le aman y necesitan. Pero es más grande el cariño que la pena. Así que seguiremos queriéndote, a ti y a los tuyos, aunque te empeñes en guardar tu cariño como un "tesssoro". Porque el amor es un cofre abierto en una isla repleta de gente. Es una manta de estrellas que abriga los corazones. Es el mar, con sus mareas, con la calma y la tempestad, lleno de peces que alimentan a los hambrientos. Es un reloj de arena al que siempre puedes dar la vuelta. El amor es matemática pero no exactitud, aunque es exactamente lo que siento. El amor es TODO. Y todos, todos aquellos a quienes quiero, siempre van a tener un espacio en mi corazón.


English pigeons, Londres, Septiembre de 2011.
Se puede formar un corazón
 incluso mirando en direcciones opuestas.